Por Isabel Pérez Santana
Editora de Perfil
Santo Domingo-29-10-10-RD
Recibía clases de inglés en las proximidades de la Universidd Autónoma de Santo Domingo (UASD). Ya me había graduado, pero siempre que tenía la oportunidad de caminar por el Campus la aprovechaba.
Mi clase comenzba a las ocho de la mañana, y la ciudad universitaria, a esa hora luce, es atrapadora del alma.
De lejos se escuchaba la melodía de “El Condor pasa”, tocada a flauta. Una neblina ligera, como velo muy fino, cubría la ciudad universitaria. Y el campus deportivo no podía estar excluido de semenajnte belleza.
Algunas gradas construidas escasamente, según permitían las finanzas de la universidad.
Sobre el cesped verde estaban marcas las caminatas de los estudiantes deportistas que al pasar habían hecho un trillo de tierra rojiza, formando contraste .
Sobre el tronco de un árbol, sito en el marco de aquel paisaje, estaba José Rafael Sosa. Sentado a lo oriental, con sandalias, camisita de cuadro, tocando su flauta.
Tocaba “El Condor Pasa”. Tenía los ojos cerrados. ¡Estaba él con su melodía en ese escenario de contenido tan sin dimensión!
Lo miré, seguí mi camino bajo el estímulo de aquella escena.No habían tambores,ni efectos tecnológicos.
Sólo un hombre con su flauta, a la vista de todos, a beneficio de quien deseara escuchar, sin que nada le importara, obviando las opiniones, llenándose de lo sublime de Dios para el ser humano.