MI HERMANA ROSA

Por Isabel Pérez Santana

Santo Domingo-4-3-10-RD

Llegó a visitarme  a causa de la tristeza que manejo por el fallecimiento de uno de mis hijos.

Me invitó a ir de tiendas. No me hice rogar  y acepté la invitación de buen gusto. Pero en una de las tiendas lloré a chorro, al  verme comprando tela de luto por mi hijo.

¡Nada! Es mi realidad y  continuamos. Mi hermana  compró tela para una falda pantalón, la cual había prometido confeccionarle.

Continuamos  visitando tiendas y adquirimos otras telas. Nos apresuramos a regresar para tener tiempo de  llevar la falda hecha, pues sabíamos que luego no tendríamos tanto tiempo  y ella se había  ilusionado con llevarla  hecha y lucirla en su trabajo al día siguiente.

Bien, todo resultó como lo planeado, pero no la había visto vestida con su falda pantalón  en la calle, aunque todos le elogiaron la prenda.

Yo pensé que la historia de los elogios era para levantarme el  ánimo. Pero debí encontrarme  con ella en horas de trabajo y la llevaba puesta.

¡Todos decían la verdad!  ¡La falda pantalón le quedó preciosa!.

¡Parecía una muñeca! El aire de las primeras horas de la tarde  le  hacía orlas en el ruedo de su falda pantalón, de color negro, la combinó con una bluza azul y verde tierno, también  de corte suelteciiiito, mangas  cortas, a nivel de la caída de los hombros.

Cartera grande y zapatos bajos  que facilitaban el desplazamiento  apresurado, como lo requiere su estilo  de vida.

La esperaba desde hacía dos horas, aproximadamente, y cuando la vi aparecer, ya ella me había visto, y sonreía con sonrisa amplia, dejando  sus dientes  al  sol, debajo del cual también brillaba su cabellera rojiza.

¡Hermoso cuadro! Cuando la ví, le respondí su sonrisa, me adelanté y la abracé, murmuré a su oído, durante el abrazo, cuán hermoso es ser unidos.

Permanecimos  fundidas en ese abrazo unos instantes y procedimos, ella a entregarme un recado y yo a elogiarla  por lo  bella que lucía.

El encuentro fue brevísimo, pues mi hermana debía ir a otro lugar dentro de su trabajo, y yo ya estaba tarde para lo prometido al lugar a donde  me dirgía.

Nos despedimos felices. Mientras se alejaba presurosa para no llegar tarde a la segunda etapa de su trabajo, no cesaba de mirarla, porque  nunca pensé que la falda pantalón le quedara tan bonita.

Pero también ella es buena percha, y la tela  que eligió tiene buena caída. Mis temores estaban en el detalle  del sezgo, estilo que mi herman eligió  para el corte de su  pantalón. Yo guardé una muestra de la tela porque  también me fascinó.

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