¡GENTIL CABALLERO!…NO ME REFIERO A DON DINERO

Por Isabel Pérez Santana

Santo Domingo-8-3-10-RD

Eran las ocho de la noche, aproximadamente. Estaba lejos de mi casa y  me era necesario abordar un vehículo para llegar a la misma.

Estaba de visita en el hogar de mi hermana y mi cuñado ofreció llevarme. Durante el trayecto hablamos de diferentes temas,  me descubrió sus principios de autovaloración, me contó lo esforzado que debió ser para graduarse de ingeniero civil.

Me contó cómo renunció a las ofertas de ayuda de sus compañeros adinerados,  y se mantuvo dentro de la sencillez de la cultura pueblerina en la cual había crecido, hasta el momento en que se trasladó a la ciudad para ingresar al mundo de los estudios universitarios.

Mientras nos acercamos a mi hogar, y cuando llegamos me  dispuse a bajar del vehículo. Me dijo, no, espere. El bajó primero, rodeó el vehículo,  abrió la puerta del mismo y me acompañó hasta la entrada  de la casa. Esperó que yo abriera el portón y entonces se fue.

Esa acción me libró de las  personas detractoras que de no ver quién me había llevado a mi hogar hablarían deshonor contra mi, pues recién me había divorciado y vivía sola con mis hijos. a esas alturas  todos mis actos eran monitoreados  por las vecinas…

Después de ese incidente pasaron varios años. Recientemente, me tocó llegar al medio día a visitar a mi hermana, ellos viven en un apartamento sobre la casa de la madre de mi cuñado, don Felipe Vidal.

Nos sentamos todos a la mesa, compartimos los alimentos con mucha alegría y familiaridad.Yo venía de casa de una amiga que recién llegaba de Alemania, y su esposo le había guardado montones de chocolates.

Ella los trajo a  sus amistades y familiares porque no les gustan, ellos se conocieron por internet. Mi amiga sabe que  adoro los chocolates y me guardó una barra dividida en cuadritos, y me la llevé a casa de mi hermana.

Cuando almorzábamos decidí que todos participáramos de ese festín, pero no como evento raro y exótico pues les  sobra dinero para comprar tantos chocolates deseen, se rumora que mi cuñado es un millonario  secreto, sino a modo de unidad familiar.Decidí poner mi grano de arena   para  más  unidad.

Tomé el hermoso paquete,  lo desplegué en la mesa y le ofrecí a todos los comensales. A él debí insistirle más de una vez. ¡Todos comimos chocolate!

En otra ocación debí  ir a al apartamento de mi hermana a instalarle unas cortinas. Anuncié mi visita y la intención de comer juntos de nuevo,  la misma fue aceptada con  mucho agrado pero con el alerta de la época. Es la cuaresma, ellos son católicos y no comen carne, yo  prometí llevar el pollo, soy evangélica.

Ante la situación la madre de Felipe me dijo  que sólo tendríamos vegetales para comer.  ¡Ella no sabía  que adoro los vegetales! Le expliqué que yo comería lo que pusiera en la mesa. ¡Se puso feliz!

En el camino, pensé en llevar un elemento al almuerzo, con calor familiar, y compré chocolates rellenos de caramelo y frutilla. Añadí malbavizcos para que alcanzáramos todos. Pero doña Julia, así se llama la madre de Felipe, es diabética, no puede ingerir mucho dulce. Me lamenté y ella afirmó que luego comería un poquito.

Entonces pensé  incluir chocolates margos en una próxima visita.

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