UN SUSTO EN LA MADRUGADA

Por Isabel Pérez Santana

Santo Domingo-14-7-10-RD

Por alguna razón me desperté  a las tres de la mañana. Me  puse a orar pidiendo a Dios me orientara sobre el motivo de estar despierta a esa hora. Me mantuve en oración y vigilaba todas las funciones de mi organismo, por si notaba alguna anomalía., pues mi madre tuvo un accidente cardíaco una madrugada.

En esa actitud estaba cuando  repentinamente veo un flash de luz amarilla, de origen eléctrico, con la forma de una pera. Ví ese haz de luz reflejado en la pared. Pero fue momentáneo. Sólo un instante.

Mi sorpresa fue grande, hasta puedo decir que me asusté. Pensé primero  en que mi sistema de suministro privado estaba averiado, pues la última suspensión del suministro del Estado fue violenta.

Me lamenté, pues es costoso instalar el sistema privado. Me quedé observando para confirmar y verificar si corría peligro  con un sistema averiado y que lanza destellos. Por largo rato no sucedió nada.

Entonces pensé que vehía los flashes de luz previo a un dolor de cabeza, pero calculé que sería muy fuerte, debido a la intensidad del haz lumínico que había visto.

Me apresuré a tomar una  Migradorixina, antes de salir de la habitación donde se produjo el destello de luz  ocurrió otro, me asusté de veras, pensé en llamar a mi hijo, pero calculé que a esas horas sólo conseguría dañarle el resto de su descanso. Me abstuve.

Mantuve la postura de manejarme  tanto tiempo como puediera. Apagué la luz de la habitación y me dispuse a salir de la misma.Un detalle me inquietaba, vehía el flash de luz, en el mismo lugar de la misma habitación.

Pasé a otras habitaciones y nada sucedía. Me decidí a  tomar mi medicamento. Al  quedar la habitación a oscuras se produjo otro flash y en ese momento puede ver el origen. Se trataba de la bombilla del baño que estaba mal apagada y se encendía por segundos.

Me reí de buena gana con el descubrimiento y las fuerzas volvieron a mis rodillas. Pero siempre confié en Dios y traje a mi memoria que  en una misión cristiana en el Cibao central, mote adentro, sin acceso a servicios médicos una hermana se sintió mal.

La hermana que dirigía la misión nos dijo, no se preocupen que tenemos al Señor, vengan vamos a orar. Así lo hicimos y Dios escuchó nuestra oración, pues la herman sanó.

En esta ocación, yo sólo decía, “yo tengo  a Dios”. Me repetía esa palabra  de contínuo, para no permitir el dominio del pánico, y le pedí “Señor muéstrame lo que sucede”. Así sucedió.

Ya tranquila me dirigí a la cocina y preparé leche con la cual tomé mi relajante.

Cuando una  sólo se tiene así misma, en una situación que podría ser extrema, es  aconsejable ver el origen de las circunstancia. Yo miré cuidadosamente  los interruptores de la electricidad por ver si el problema se producía en el mismo.

Sencillamente, la puerta del baño estaba abierta y la luz se proyectaba hacia  la habitación donde está el sistema eléctrico privado, lo cual era alarmante, pero afortunadamente no había peligro.

¡Alabado sea Dios!

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